Tom Homan, nombrado “zar de la frontera” por el presidente Donald Trump, anunció este jueves que la brutal operación contra la inmigración lanzada a principios de diciembre en Minnesota por la Casa Blanca “ha concluido”. “Le he propuesto, y el presidente ha estado de acuerdo, que concluya la Operación [Metro] Surge“, dijo Homan en una conferencia de prensa celebrada en Minneapolis a primera hora de la mañana (ocho más en la España peninsular). “Hubo una reducción significativa [de agentes] la semana pasada, y esta continuará la próxima”, añadió.
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Homan trató de vender en su intervención que el despliegue, al que la semana pasada se le restaron 700 agentes, ha sido un “éxito”, y que las autoridades locales y estatales han colaborado, tras haberse negado a hacerlo durante semanas. Aunque a nadie se le escapa que la Casa Blanca se retira habiendo perdido la batalla de la opinión pública. También, que Holman no dio detalles sobre esa colaboración, y que la resistencia vecinal, especialmente en la ciudad de Minneapolis, ha torcido la mano de las autoridades migratorias estadounidenses, embarcadas en cumplir la promesa de Trump, hecha en campaña, de lanzar “la mayor deportación de la historia”.
El zar de la frontera dijo este jueves que “Minnesota es ahora un Estado menos santuario para los criminales”, y habló de “unos 4.000 arrestos” practicados en estos 72 días, aunque no dio detalles sobre cuáles de esos arrestos fueron de personas con antecedentes penales. La Administración de Trump prometió que esta operación se centraría en “lo peor de lo peor” (inmigrantes irregulares con delitos de violación o asesinato), pero los datos desmienten que solo estos hayan sido los objetivos de la policía migratoria en Minnesota.
El anuncio de la retirada llega mientras en el Capitolio ambos partidos negocian un paquete de financiación del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) que, de no llegarse a un acuerdo que limite el poder del ICE, podría forzar un cierre parcial de la Administración, el segundo en dos semanas, después de que el último, técnico, se resolviera en unos días.
Montaron grupos de chat en la red de mensajería encriptada Signal, y en ellos intercambiaban información sobre avistamientos de agentes del ICE, que circulaban enmascarados, armados hasta los dientes y en coches sin identificar. Cuando descubrían una operación en marcha acudían a grabarla y a entorpecerla con el sonido de sus silbatos, que se convirtieron en el símbolo de la resistencia en estas semanas. Fue en dos de esos encuentros en los que los agentes mataron a Pretti, un enfermero de cuidados intensivos de un hospital para veteranos de Minneapolis, y Good, una poeta, madre de tres hijos. Ambos tenían 37 años.
Ninguna de esas dos muertes ha desembocado en el arresto de sus responsables. En ambos casos, la Administración de Trump defendió en ambos casos a los agentes, a base de pintar a las víctimas como “terroristas domésticos”.
El Ayuntamiento de Minneapolis reaccionó al anuncio de Homan con “optimismo”. “Pensaron que podrían doblegarnos, pero el amor por nuestros vecinos y la determinación de perseverar pueden sobrevivir a una ocupación”, declaró su alcalde, Jacob Frey, en un comunicado enviado a los medios. “Estos patriotas de Minneapolis están demostrando que no se trata solo de resistencia; apoyar a nuestros vecinos es profundamente estadounidense. Esta operación ha sido catastrófica para nuestros negocios, y ahora es el momento de una gran recuperación. Demostraremos el mismo compromiso con nuestros residentes inmigrantes y la misma perseverancia en esta reapertura, y espero que todo el país nos apoye para avanzar juntos”.


