La represión del régimen iraní contra las protestas se ha extendido a los hospitales y consultorios médicos. Según reveló The Guardian, al menos nueve médicos y trabajadores de la salud han sido arrestados por atender a manifestantes heridos, en lo que organizaciones de derechos humanos denuncian como una“campaña de venganza” contra quienes cumplen su deber de auxiliar a las personas.
El caso más grave es el del cirujano iraní Alireza Golchini, de 52 años, originario de la ciudad de Qazvin, quien fue acusado de “moharebeh” (librar una guerra contra Dios), un delito que en Irán puede conllevar la pena de muerte.




