El pastor Sergio Amezcua recibió una llamada de emergencia. Un muchacho se lanzó desde un tercer piso cuando descubrió que agentes uniformados recorrían el edificio donde vivía para detener a migrantes indocumentados.
Amezcua, de 46 años, recuerda que pidió detalles: dónde estaba el muchacho, cómo se encontraba, qué se podía hacer para ayudarlo. Su interlocutor respondió que el joven había resultado herido en la caída.
«El muchacho estaba lavando su ropa en el cuarto de lavandería y cuando escuchó el ruido en el pasillo, rompió la ventana y se tiró para escapar», explica en una llamada telefónica desde Mineápolis, donde lidera la iglesia evangélica Dios Habla Hoy.
El migrante caminó alrededor de un kilómetro hasta que unos vecinos le dieron refugio, cuenta el pastor. «Cuando se le ayudó, estaba sin zapatos ni camisa, andaba en shorts en temperaturas bajo cero, tocando puertas y llorando».
Amezcua asegura que recibe llamadas sobre casos diferentes todos los días desde la primera semana de diciembre del año pasado, cuando el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) inició las redadas en Minesota.




